domingo, 18 de diciembre de 2016



Siento que voy a ahogarme. El peso de mi propio cuerpo me ahoga. Veo el abultamiento de mi estomago, la ensanchez de mis caderas, la grasa rodeándome los muslos, y todo me hace querer abrirme por la mitad. Ya ni si quiera se trata de dejar de comer o vomitar hasta la ultima de mis mierdas personales. Se trata de el asco. De la repugnancia. De tener que vivir dentro de un cuerpo que odio, que me mira desde el otro lado del espejo susurrándome que soy una cobarde, una puta, una cualquiera, una mentirosa, una decepción. De un cuerpo que me impulsa y aumenta mis ganas de querer mandarlo todo a la misma mierda, que me hace querer ahogarme en mi propia grasa y abandonarme mi propia decepción. Lo peor es que, si pudiera, si fuera físicamente capaz, abriría cada una de esas partes y sacaría la grasa con mis propias manos, y rompería con un martillo uno a uno mis huesos hasta hacerlos mucho mas pequeño. Hasta que fuera tan pequeña que pudiera sentarme sin querer llorar, tumbarme sin ver mi grasa derramarse por los espacios de mi cuerpo. Hasta que fuera lo bastante delgada para colarme por el hueco de una alcantarilla y desaparecer. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Odio cuando la gente presupone que algo ya no duele solo porque no se hable de ello en voz alta. Es como si creyeran que los fantasmas se evaporan simplemente por no mirarlos o que los demonios ya no tienen poder sobre ti si no los alimentas. Pero es una burda mentira. Esconder el dolor bajo capas de insatisfecha rutina no hará que desaparezca nada, hables de ello o no. Todo sucede en un momento, andando, comiendo, riéndote; y en mitad de un segundo, sale reptando de cualquier lugar escondido dentro de ti recordándote que no se ha ido, que no va a desaparecer. Que no se puede borrar. Recordándotelo todo. Aquello que en la oscuridad por la noche cuando nadie puede verte se convierte en un vomito de cosas estancadas en la garganta. Y te auto-desnudas el alma para ti misma. Sin hablar de ello, sin hablar de ello, sin hablar de ello.
Para comprobar que los fantasmas siguen estando justo en el mismo sitio.

domingo, 11 de diciembre de 2016

12.12.16

Es una mierda como funcionan algunas cosas en la vida. Solía pensar que cundo dejara de vomitarme a mi misma, cuando dejara de cortarme la piel, cuando dejara atrás todos sus gritos susurrándome al oído las cosas que me hicieron odiarme por dentro, todo iba a estar bien. Pero no me siento como si estuviera bien. Aunque ya no tenga que luchar contra él siento que sigo peleándome con los detalles, las incógnitas, los recuerdos. Y me siento como si no pudiera hablar con nadie. Como si aun fuera la estúpida chica de diecisiete años que no sabe como hablar de lo que siente. Es como si todo hubiera cambiado, pero nada fuera diferente. Siento que después de lo que paso ya nunca podré volver a ser normal. Que hay un montón de cosas que están rotas, destrozadas, y cuyos cristales aun están clavados aunque yo no quiera.

Septiembre.

A veces lo que queremos decir en voz alta es una crueldad, y por mucho que sea sincero no siempre va a hacer que nos sintamos mejor. ¿Que hacemos cuanto la verdad es la ultima bala en la recamara que no merece la pena disparar? ¿Cuando la sinceridad no consigue hacernos libre sino que nos encadena aun mas a una historia que preferimos olvidar? A veces nos empeñamos tanto en mentir que solemos olvidar que parte de la historia era mentira, y cual era verdad.Y al final siempre queda lo mismo , un montón de recuerdos que ya no pertenecen a ningún lado, y un montón de cosas rotas. Que no sirven para absolutamente nada.

A veces solo necesitamos sentarnos un momento. Un solo instante, un segundo. Olvidar que existe un mundo hay fuera que absorbe todo de nosotros, que nos exige, nos tira, nos modifica, nos da sueños y esperanzas que destroza después. Olvidarse de las razones, de los porque, de las incógnitas a medias. A veces solo tenemos que sentarnos para poder seguir respirando. Dejarnos a nosotros mismos ser vulnerables, llorar, gritar, escupirle al destino, a la vida, dejarnos el corazón llorar por los ojos. Un pequeño momento apartado del tiempo para poder dejar salir todo aquello que nos permita seguir fingiendo que somos fuertes al momento siguiente.

miércoles, 24 de agosto de 2016

2;33

Tienes miedo, porque sabes que existe la posibilidad de que no le gustes de la misma manera que él te gusta a ti. Y saber que puedes perder algo que realmente quieres, que entre muchas otras cosas vale la pena para ti, es lo que te asusta. La idea de que en el fondo, puede que no sea algo pasajero, puede que no sea la consecuencia a un acto de dos amigos borrachos en una casa de verano, puede que en el fondo quieras mas, y saber que existe la posibilidad de que para él no exista nada mas, eso, es lo que realmente te da miedo.

domingo, 21 de agosto de 2016

A veces el vacío ocupa un espacio tan grande que parece que ya no cabe ningún otro sentimiento. Cuanto mas vacío existe, mas nos pesa la cotidianidad, hasta el absurdo punto de echar de menos incluso aquello que nos destrozó, y rezar por una milésima de segundo que nos devuelva aquel dolor inflamando-se en el pecho para no tener que enfrentarnos a eso que existe ahora; una cama vacía, una vida vacía, llena de posibilidades de llenarla que en la practica no existen. ¿Se puede llegar a estar tan desquiciado para echar de menos el dolor?

miércoles, 20 de julio de 2016

Medianoche.

"Le miraba si que se diera cuenta, a escondidas, desde la otra parte de la habitación, disimulando que en realidad casi no podía apartar la mirada. Mirarle directamente era como mirar el sol. Él era arte. No sabia mucho del arte, puesto que no era un tema que en su vida, en términos generales, le hubiese interesado, apenas se había parado a penar en que significaba este concepto. Pero ahora estaba él.  Y entendía lo que muchas personas querían decir cuando decía que a veces en una habitación llena de cosas, tu mirada siempre va a dirigirse al mismo lado. Así era como se sentía. No podía apartar la mirada porque miraba la forma en la que batía sus pestañas cuando parpadeaba, las arrugas en la comisura de su boca cuando se reía, como pasaba la lengua por su labio inferior siempre que le interesaba un tema de conversación, incluso la forma en la que se le sonrojaban las mejillas cuando se reía a carcajadas. Y lo podía ver incluso con la luz apagada y saber exactamente si ese sonrojo era de vergüenza o de alegría, y ese era el problema. Que podía estar toda la puta vida mirándole, en la distancia, y sentir que entendía el arte. Que entendía como la belleza movía al mundo, como personas se dejaban ser consumidas por ellas, como se desataban guerras por un solo beso. De repente entendía como el arte lo cambiaba todo. Sentía que podría contarle uno a uno los lunares y no cansarse nunca y apreciarlos cada día como si fuera la primera vez. Como ahoga el mundo a veces, y que el único camino de huida que quería tomar sean las carreteras en su piel, para querer acabar derrapando en todas sus curvas. Y estar tan sediento de querer beberte el mundo en la caída de sus clavículas. Así que en definitiva, mirarle directamente era peligrosos, porque incrementaba progresivamente las ganas de gritarlo, de sucumbir, de dejarse ir. Y eso seria aun mas peligroso. Así que le mira de reojo, desde la otra punta de la habitación, sabiendo que en realidad no importa, nada lo hace, porque seria incapaz de parar la mirada. Y las ganas tampoco."