sábado, 17 de diciembre de 2016

Odio cuando la gente presupone que algo ya no duele solo porque no se hable de ello en voz alta. Es como si creyeran que los fantasmas se evaporan simplemente por no mirarlos o que los demonios ya no tienen poder sobre ti si no los alimentas. Pero es una burda mentira. Esconder el dolor bajo capas de insatisfecha rutina no hará que desaparezca nada, hables de ello o no. Todo sucede en un momento, andando, comiendo, riéndote; y en mitad de un segundo, sale reptando de cualquier lugar escondido dentro de ti recordándote que no se ha ido, que no va a desaparecer. Que no se puede borrar. Recordándotelo todo. Aquello que en la oscuridad por la noche cuando nadie puede verte se convierte en un vomito de cosas estancadas en la garganta. Y te auto-desnudas el alma para ti misma. Sin hablar de ello, sin hablar de ello, sin hablar de ello.
Para comprobar que los fantasmas siguen estando justo en el mismo sitio.

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