domingo, 18 de diciembre de 2016



Siento que voy a ahogarme. El peso de mi propio cuerpo me ahoga. Veo el abultamiento de mi estomago, la ensanchez de mis caderas, la grasa rodeándome los muslos, y todo me hace querer abrirme por la mitad. Ya ni si quiera se trata de dejar de comer o vomitar hasta la ultima de mis mierdas personales. Se trata de el asco. De la repugnancia. De tener que vivir dentro de un cuerpo que odio, que me mira desde el otro lado del espejo susurrándome que soy una cobarde, una puta, una cualquiera, una mentirosa, una decepción. De un cuerpo que me impulsa y aumenta mis ganas de querer mandarlo todo a la misma mierda, que me hace querer ahogarme en mi propia grasa y abandonarme mi propia decepción. Lo peor es que, si pudiera, si fuera físicamente capaz, abriría cada una de esas partes y sacaría la grasa con mis propias manos, y rompería con un martillo uno a uno mis huesos hasta hacerlos mucho mas pequeño. Hasta que fuera tan pequeña que pudiera sentarme sin querer llorar, tumbarme sin ver mi grasa derramarse por los espacios de mi cuerpo. Hasta que fuera lo bastante delgada para colarme por el hueco de una alcantarilla y desaparecer. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario