que lo que cura, es la risa.
Y las locuras, los amigos, la música, las carcajadas que te sacan una lagrima, el no tener motivos para nada y aun así, hacerlo todo.
Aprendo que a veces no hace falta hablar de lo que duele para decir lo mucho que te duele,
que a veces hay que dejarlo salir, en forma de canción, libro, fotografía, o como mejor te salga.
He aprendido que a veces querer algo con todo lo que tienes no implica automáticamente que valla a ser tuyo, y que eso tiene que impulsarte a luchar, y no a rendirte.
Que te van a dar de ostias, y que tu te las vas a dar también, porque así es como funciona.
Me he reafirmado en que el mundo es injusto y esta lleno de dolor, y a veces no hay nada que podamos hacer para cambiar eso,
pero si para combatirlo.
Que soy mujer, luchadora y fuerte. Y no cualquiera puede serlo.
He aprendido que no puedes ni debes hacerte a ti misma pequeñita por nadie ni nada.
No dejes nunca que nadie te meta dentro de unas expectativas, que te obliguen, te machaquen, y te molden hasta que seas lo que ellos quieren que seas.
Ponte por encima de todo eso aunque sea demoledor,
porque el corazón que esta destrozado, sigue siendo es igual de valido que cualquiera.
No volveré a ser lo que la gente quiere que sea.
El 2017 me ha enseñado que hay gente por la que merece la pena partirselo todo,
personas a quienes tener cerca va a sumar siempre,
y personas que por mucho que quieras sumar, el resultado siempre va a ser el mismo.
Y a veces eso no es bueno ni malo: no puedes desahogar el alma con todo el mundo.
Y aun me quedan mil cosas por aprender y entender. No pasa nada.
Roma no se construyo en un día, ni en mil doscientos cincuenta y tres.
He tenido miedo, y he sido cobarde;
he cambiado y crecido, porque a veces es necesario.
Ya no pido deseos, ni creo que los sueños sean para todo el mundo,
pero estoy aprendiendo de los que son para mi.
Estoy aprendiendo a sentirlo todo y a no dejar que eso me vuelva loca.
Me siento mucho mas mayor, como si estos últimos 3 años me hubieran envejecido por diez,
quien lo sabe, lo entiende,
Y al mismo tiempo me siento igual de niñata a veces.
Siempre habrá un desequilibrio en mi, y tengo que aprender a dejarlo ser y controlarlo al mismo tiempo.
Al 2018 le pido las mismas oportunidades, le pido seguir creciendo, le pido salud porque es lo único importante, le pido risas, le pido que mis amigas cumplan todo lo que quiere y ayudarlas en todo lo posible, le pido lucha y valentía y poder llevar la cabeza alta.
Y este año por primera vez, no le pido 365 oportunidades,
no le pido que se cumplan todos mis sueños, ni mis deseos, ni mis caprichos,
ni le voy a pedir vivirlo todo,
porque de eso, ya me voy a encargar yo.