
A veces solo necesitamos sentarnos un momento. Un solo instante, un segundo. Olvidar que existe un mundo hay fuera que absorbe todo de nosotros, que nos exige, nos tira, nos modifica, nos da sueños y esperanzas que destroza después. Olvidarse de las razones, de los porque, de las incógnitas a medias. A veces solo tenemos que sentarnos para poder seguir respirando. Dejarnos a nosotros mismos ser vulnerables, llorar, gritar, escupirle al destino, a la vida, dejarnos el corazón llorar por los ojos. Un pequeño momento apartado del tiempo para poder dejar salir todo aquello que nos permita seguir fingiendo que somos fuertes al momento siguiente.