A veces el vacío ocupa un espacio tan grande que parece que ya no cabe ningún otro sentimiento. Cuanto mas vacío existe, mas nos pesa la cotidianidad, hasta el absurdo punto de echar de menos incluso aquello que nos destrozó, y rezar por una milésima de segundo que nos devuelva aquel dolor inflamando-se en el pecho para no tener que enfrentarnos a eso que existe ahora; una cama vacía, una vida vacía, llena de posibilidades de llenarla que en la practica no existen. ¿Se puede llegar a estar tan desquiciado para echar de menos el dolor?
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